Al fondo, tras las arcadas que separan capillas y capillas, en un arco cegado forrado de terciopelo y orlado con un retablo de mala talla, el Crucificado. No le hace falta nada más, ni tan siquiera advocación, ni otro retablo suntuoso como los que hay en resto de la iglesia. Sólo Él.
Cristo crucificado, Juan de Mesa (Iglesia de San Pedro, Lima)
Antes de abrir el primer legajo -aquí los permisos para investigadores se retrasan bastante- me he acercado a las Nazarenas para rendir pleitesía al Señor de los Milagros cuando apenas falta un mes para que salga.